No tengo la conciencia

No tengo la conciencia
de haber sido
—y he sido—
de haberme trasegado
tantas noches robadas al descanso,
de haberlas fermentado
de deseos cansinos
que no me dicen nada
—pudiera ser que entonces ya no dijeran nada—
tan sólo la ansiedad
de depurar la sangre
de otros cuerpos intactos
de otras mentes incautas
que se vanagloriaban…
de haberlos digerido
sin descanso
a modo de vampiro sonámbulo
escupiendo su hollejo
con total desvergüenza
desprovisto de escrúpulos
salvo raros —ajenos—
atisbos de esperanza.
Eva Quintanilla
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